Los rayos de luz acariciaban lentamente la piel
expuesta que dejaba entrever el pijama que llevaba puesto. El estómago me ardía
y la cabeza me martilleaba. Pum Pum Pum. Abrí los ojos. Pum Pum Pum. Me levanté de forma mecánica de la cama. Mi cuerpo
no me respondía, me sentía desfallecer, paso a paso recorría el corredor, buscando algo.
Mi mente no sabía encajar que era lo que me pasaba. Mi instinto me decía que
hallaría la respuesta en la biblioteca ya que era allí dónde me dirigían los
pies. Mis rodillas se flexionaron, mi brazo se estiró buscando el confort de un
objeto cuadrado, simple, de color marrón. El libro. Al tocarlo mi visión se
llenó de puntitos blancos. Retazos de lo que paso después aún rondaban por mi
cabeza. Recuerdo ponerme delante del espejo, también, que de mis labios surgieron unas
palabras indescifrables y a la vez conocidas. Lo último que sentí antes de caer
en el mundo de la inconsciencia fue el pinchazo de miles de agujas sobre mi
piel.
Cuándo mi mente reaccionó, pesadamente me
intenté levantar, pero al no poder, me examiné por si había recibido algún
golpe. Una raya de sangre adornaba mi tobillo y no podía mover mi mano
derecha. Con la mano izquierda me
impulse y me ingenié para no hacerme más daño. Tras varios intentos logré
estabilizarme. Intenté adivinar porque estaba aquí pero al no saber lo que
había ocurrido decidí que era mejor
ponerme en marcha y buscar alguna ayuda. Recogí un palo que me ayudaría
manejarme al caminar y coloqué el libro que había en el suelo en el estomago y
lo sujete con el pantalón. Me encogí de hombros, tal vez me serviría de algo
después. A simple vista solo había árboles y soledad así que me empecé a mover tratando de descubrir algún rastro de
vida.
Al cabo de unas horas aun no había
encontrado a nadie y cómo ya estaba cansada y el dolor no menguaba me
senté debajo de un árbol y poco a poco el sueño me venció.
Un extraño ruido me despertó, sonidos de
pasos y voces hicieron que me tensara. Iba a esconderme detrás del árbol cuándo
alguien susurró unas palabras:
-¿Que haces?-el timbre de la voz era
claramente ansioso.
-¿eh?-no sabía si hacer caso o no a
aquella persona.
-Escondete, vamos, ¿No querrás que los Daublins
te cojan, verdad?
-¿Daublins? a que te…
No me dejó acabar de hablar ya que una
mano se poso sobre mi boca y alguien me empujó hacía la parte trasera del
árbol.
Cuándo las voces y los pasos
desaparecieron otra vez volvió a hablar.
-Bueno al menos nos hemos librado de
ellos durante un rato- me dijo una chica que no aparentaba más de 16 años
-Perdona…esto…¿Quiénes eran?¿Quién eres
tú?
-Los guardianes de Langley.- Sus ojos
mostraron indecisión- ¿Tu no eres de aquí?
-No lo sé, no tengo ni idea de dónde me encuentro,
creo que me raptó algún criminal o algo pero …- intente aclarar mis ideas- posiblemente
no sea eso porque habrían pedido un rescate ¿no?. Espera… ¿has dicho Langley? De
que me suena ese nombre…
-Creo que deberías acompañarme a la
escuela.
-¿Una escuela?- me entusiasmé- si, ¡allá están
obligados a llamar a las autoridades! Menos mal, tantas horas vagando han
servido para algo.
- ¿ Llevas horas caminando?- cada vez se
comportaba de una manera más rara, comencé a arrepentirme de no haber salido
corriendo al verla, aquellos guardianes debían ser policías o algo así, cuándo
me iba a girar a buscarlos- y estas herida ¿no?- me pregunto mientras se fijaba
en la mano hinchada
-Sí-decidí que aguardaría un rato más
antes de huir, ella se veía atlética y la carrera agotaría la poca energía que
aún me quedaba. Tal vez podría optar por hacerme la débil hasta descubrir que
era lo que ocurría o al menos recobrar algo de vitalidad.
-.. a averiguar que te pasado pero antes ¿te
parece que entremos a la escuela?-No había escuchado bien su charla, ahora lo
único que quedaba era confiar en que el destino no me hubiera hecho una mala
pasada.
-Sí…
El juego ya había comenzado y la primera ficha
había sido movida. Ahora solo hacía falta esperar si había sido una buena
jugada.
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