Capitulo 2


Los rayos de luz acariciaban lentamente la piel expuesta que dejaba entrever el pijama que llevaba puesto. El estómago me ardía y la cabeza me martilleaba. Pum Pum Pum. Abrí los ojos. Pum Pum Pum.  Me levanté de forma mecánica de la cama. Mi cuerpo no me respondía, me sentía desfallecer,  paso a paso recorría el corredor, buscando algo. Mi mente no sabía encajar que era lo que me pasaba. Mi instinto me decía que hallaría la respuesta en la biblioteca ya que era allí dónde me dirigían los pies. Mis rodillas se flexionaron, mi brazo se estiró buscando el confort de un objeto cuadrado, simple, de color marrón. El libro. Al tocarlo mi visión se llenó de puntitos blancos. Retazos de lo que paso después aún rondaban por mi cabeza. Recuerdo ponerme delante del espejo,  también, que de mis labios surgieron unas palabras indescifrables y a la vez conocidas. Lo último que sentí antes de caer en el mundo de la inconsciencia fue el pinchazo de miles de agujas sobre mi piel.
 Cuándo mi mente reaccionó, pesadamente me intenté levantar, pero al no poder, me examiné por si había recibido algún golpe. Una raya de sangre adornaba mi tobillo y  no podía mover mi mano derecha.  Con la mano izquierda me impulse y me ingenié para no hacerme más daño. Tras varios intentos logré estabilizarme. Intenté adivinar porque estaba aquí pero al no saber lo que había ocurrido  decidí que era mejor ponerme en marcha y buscar alguna ayuda. Recogí un palo que me ayudaría manejarme al caminar y coloqué el libro que había en el suelo en el estomago y lo sujete con el pantalón. Me encogí de hombros, tal vez me serviría de algo después. A simple vista solo había árboles y soledad así que me empecé a  mover tratando de descubrir algún rastro de vida.
Al cabo de unas horas aun no había encontrado a nadie y cómo ya estaba cansada y el dolor no menguaba me senté  debajo de un árbol  y poco a poco el sueño me venció.

Un extraño ruido me despertó, sonidos de pasos y voces hicieron que me tensara. Iba a esconderme detrás del árbol cuándo alguien susurró unas palabras:

-¿Que haces?-el timbre de la voz era claramente ansioso.

-¿eh?-no sabía si hacer caso o no a aquella persona.

-Escondete, vamos, ¿No querrás que los Daublins te cojan, verdad?

-¿Daublins? a que te…

No me dejó acabar de hablar ya que una mano se poso sobre mi boca y alguien me empujó hacía la parte trasera del árbol.
 Cuándo las voces y los pasos desaparecieron  otra vez volvió a hablar.

-Bueno al menos nos hemos librado de ellos durante un rato- me dijo una chica que no aparentaba más de 16 años

-Perdona…esto…¿Quiénes eran?¿Quién eres tú?

-Los guardianes de Langley.- Sus ojos mostraron indecisión- ¿Tu no eres de aquí?

-No  lo sé, no tengo ni idea de dónde me encuentro, creo que me raptó algún criminal o algo pero …- intente aclarar mis ideas- posiblemente no sea eso porque habrían pedido un rescate ¿no?. Espera… ¿has dicho Langley? De que me suena ese nombre…

-Creo que deberías acompañarme a la escuela.

-¿Una escuela?- me entusiasmé- si, ¡allá están obligados a llamar a las autoridades! Menos mal, tantas horas vagando han servido para algo.

- ¿ Llevas horas caminando?- cada vez se comportaba de una manera más rara, comencé a arrepentirme de no haber salido corriendo al verla, aquellos guardianes debían ser policías o algo así, cuándo me iba a girar a buscarlos- y estas herida ¿no?- me pregunto mientras se fijaba en la mano hinchada

-Sí-decidí que aguardaría un rato más antes de huir, ella se veía atlética y la carrera agotaría la poca energía que aún me quedaba. Tal vez podría optar por hacerme la débil hasta descubrir que era lo que ocurría o al menos recobrar algo de vitalidad.

-.. a averiguar que te pasado pero antes ¿te parece que entremos a la escuela?-No había escuchado bien su charla, ahora lo único que quedaba era confiar en que el destino no me hubiera hecho una mala pasada.

-Sí…

 El juego ya había comenzado y la primera ficha había sido movida. Ahora solo hacía falta esperar si había sido una buena jugada.

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